Exposiciones
Laura Larraz, 2025, óleo y acrílico sobre lino, 170 x 130 cm
Mercedes Mangrané, 2024, óleo sobre lino, 25 x 20 cm
Mercedes Mangrané, 2026, óleo sobre lino, 24 x 19.5 cm
Laura Larraz, 2025, óleo y acrílico sobre lino, 120 x 90 cm
Mercedes Mangrané, 2026, óleo sobre lino, 35 x 25 cm
Mercedes Mangrané, 2026, óleo sobre lino, 26 x 22 cm
Laura Larraz, 2025, óleo y acrílico sobre lino, 120 x 90 cm
Mercedes Mangrané, 2026, óleo sobre lino, 22 x 27 cm
Laura Larraz, 2025, óleo y acrílico sobre lino, 120 x 90 cm
Mercedes Mangrané, 2026, óleo sobre lino, 27 x 20 cm
Mercedes Mangrané, 2026, óleo sobre lino, 34 x 24.5 cm
La exposición reúne por primera vez el trabajo de Laura Larraz (Zaragoza, 1989; vive y trabaja en Berlín) y Mercedes Mangrané (Barcelona, 1988; vive y trabaja en Barcelona), dos artistas que abordan la pintura desde lugares muy distintos pero en diálogo: la intensidad gestual y narrativa de Larraz frente a la atención íntima de Mangrané hacia lo cotidiano. El proyecto plantea un encuentro entre dos formas de entender la imagen como un territorio inestable, donde la pintura no describe el mundo, sino que lo desplaza, lo pone en cuestión. En el caso de Laura Larraz, la pintura funciona como un espacio de carga emocional y narrativa en el que la figura animal —con los gatos como presencia recurrente— actúa como detonante. Sus obras se articulan en escenas abiertas atravesadas por tensiones de humor, violencia, deseo y vulnerabilidad. La imagen se construye en capas de materia en movimiento, en un estado continuo de aparición y desaparición, generando un imaginario que oscila entre lo teatral, lo trágico y lo cómico. La práctica de Mercedes Mangrané se sitúa en un registro que aborda la contención como detonante, basado en la observación somática de las superficies y sus violencias. Sus pinturas al óleo parten de fragmentos de lo real —muros, reflejos, huellas y erosiones— que se transforman en estructuras visuales donde materia y corporalidad se cruzan. Más que describir, sus obras sugieren: imágenes en tránsito que oscilan entre presencia y ausencia, reconocimiento y disolución, y que invitan a una percepción lenta. Ambas prácticas comparten una idea de la pintura como espacio de fricción. En Larraz, esa fricción aparece en la energía gestual y la densidad narrativa; en Mangrané, en la sutileza de la superficie y la acumulación del tiempo. La exposición no busca cerrar una lectura común, sino activar un intervalo: un espacio donde la imagen permanece abierta, inestable y en tensión. El diálogo entre ambas artistas propone una reflexión sobre los modos contemporáneos de construir imagen desde la pintura, entendida no como representación, ni siquiera como una evolución de la forma, sino como un campo donde lo visible se negocia constantemente.